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domingo, 4 de agosto de 2013

Por 4 Bolívares

   Era una mañana común, como cualquier otra. Excepto por el sol, ese catire de allá arriba había amanecido más brillante que nunca. Ella se llama Sasha, alcanzo diecinueve primaveras este veintitrés de abril, se levanta, limpia sus dientes, juega con su cabello y hasta sonríe frente al espejo. Prepara su habitual desayuno, lo pasa con cóctel de diuréticos, y voltea la pagina de una revista fiitness. Carga en su iPad las cordales de Asier Cazalis. Busca sus nuevas licras, esas que compro a mitad de precio y le sacan brillo a sus caderas. Coloca una cola en su dorado cabello y se pone una de sus mejores sonrisas. Hoy luce sensacional, hasta el catire se dio cuenta.

   Sale de su casa y como es de costumbre, espera el bus en la parada. Se le antoja un chicle. Su paladar le exige ese sabor a menta fresca y ella, lo complace. Pero para su sorpresa, el chicle que antes costaba 10BsF. Ahora cuesta el doble. Piensa: No importa. Y lo compra. Llega el vehículo, se monta y empieza a buscar dinero para el pasaje mientras su boca disfruta el sabor del Trídent que acaba de adquirir. Sasha se percata de que el chicle la dejó sin efectivo. Que mal sabor. Se acerca su parada, los nervios le saltan encima. ¡Vas a pasar pena por no tener 4BsF! Dice una voz en su cabeza. Pero de repente recuerda que hoy tiene que pagar la mensualidad del gimnasio y exclama: ¡GENIAL! Hoy metí dinero en mi koala para pagar la mensualidad. Saca uno de los billetes de 100BsF. Se baja y paga. Pero luego la cosa se pone peor y en voz baja pronuncia: ¿Ahora como voy a pagar el gimnasio si descomplete el dinero? Y para desatino de suerte el colector del autobús me dio menos dinero del que debía. Muchísimo menos. El catire se empieza a reír de Sasha.

   De pronto, su mirada se llena de malicia y dice: Me canse de este mal día, voy a jugar "A lo venezolano". Sasha lleva, como dice Asier, el edén en el sostén. Y gracias sus nuevas licras, el infierno en sus caderas. Afila su mirada seductora. Le pone un ritmo a su cintura, ese que solo las venezolanas dejan al pasar cuando caminan. Acomoda su audífono izquierdo, y se prepara para un piropo. "Hola preciosa, ¿Te puedo ayudar en algo?" Dice el vigilante mientras mira el busto de Sasha que se encuentra dos décadas menor a él.

   El problema de vivir bajo un gobierno corrupto, es que te obliga a delinquir.

   Sasha no volvió a pagar la mensualidad de su gimnasio. Ahora en su iPad solo suena "La Veterana" y el catire sigue viéndola, pero ahora sin regocijo. Ella presume de su supuesta venezolanidad y le comenta a todos artimaña. Que mala costumbre esa de creerse mas pila que los demás, mientras que un colector de autobús te roba 90BsF.

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